Valeria llega tarde

No somos puntuales, lo sabemos. Calculamos mal los tiempos, nos dejamos llevar por el momento y lo que es peor: no aprendemos de nuestra experiencia.

Podría parecer que no nos importa llegar tarde, pero no es así. Nuestra impuntualidad sólo responde a un exceso de optimismo, una percepción del tiempo y el espacio singular. Y en un mundo tan frío como el actual, no es momento de abrazar lo singular?

Mientras el mundo se decide a aceptar nuestra particular interpretación de la puntualidad, y por si decidieras alargar unos minutos en la cama al despertar, ver un capítulo más de tu serie preferida o bucear un ratito más en Tik Tok, te proponemos nuestras excusas favoritas para llegar tarde


(o no llegar)

No encuentro las llaves

Se trata de no encontrar cualquier elemento indispensable sin el que no esté socialmente aceptado salir de casa. Pueden ser las llaves, el móvil o los zapatos. Si no te importa ser descarada podrías no encontrar incluso los pantalones.

Tengo que trabajar hasta tarde

Nuestra sociedad no entiende que llegues tarde porque te estés poniendo una mascarilla en el pelo, pero no tiene ningún problema en aceptar que llegues tarde porque tienes la obligación de trabajar. Nosotras creemos que cuidarte es una obligación por lo que esa mascarilla ha pasado a considerarse tu trabajo.

Me pongo los zapatos y bajo

Recomendamos usar esta excusa únicamente cuando de verdad tienes previsto aparecer. Cualquier manifestación de actividad resulta esperanzadora para quién te espere. 

Tengo un escape de agua y estoy esperando al fontanero

Si por escape entiendes grifo abierto y fontanero es el nombre de un exfoliante corporal, nadie pondrá en duda dónde está tu lugar.


En cualquiera de las situaciones anteriores u otras maravillosas excusas que puedas imaginar,



siempre que decidas quedarte en casa...


#Nosotras te cubrimos